viernes, 30 de octubre de 2015

La concha de tu madre.

  Hoy quiero aparcar por un momento el monotema de la Orientación para invitaros a participar en una pequeña reflexión acerca del deporte espectáculo, el "espectáculo" (importante las comillas) con el que nos bombardean a diario los medios de comunicación y la imagen y valores que estamos transmitiendo al publico en general y a los niños en particular.

  Coincidiréis conmigo en que este tema es tan amplio y profundo que daría incluso para escribir varios libros. Por ello, me gustaría centrarme en una situación que están siendo #trendingtopic esta semana. Me refiero al archiconocido insulto de Mascherano al árbitro.

  El bueno del argentino. 

  Vale, estoy de acuerdo que decir "la concha de tu madre (o de tu hermana, da igual, al final todo queda en familia)" no constituye un insulto de tal envergadura que debiéramos encerrarlo en una oscura celda para toda la eternidad. Si me apuras, te diría que me parece incluso divertido esa mezcla de acento argentino con el típico movimiento de las manos con los dedos juntos mirando hacia arriba.

  Pero cuidado, no es el insulto en sí lo que debiera de preocuparnos, sino todo lo que lo acompaña. Parece que en ciertos deportes casi todo vale para cuestionar las decisiones arbitrales: aspavientos, gestos de desprecio, miradas desafiantes,... y sólo nos planteamos si es sancionable o no cuando existe un insulto directo. Si atendemos al "circo mediático" que copa los informativos de hoy en día, el único debate es si "la concha de tu madre" es un insulto al árbitro o no, y hasta el mismísimo presidente de la Liga de Fútbol Profesional hace declaraciones públicas diciendo que no le gustaría que este jugador se perdiera un partido importante por ello.

  ¿Os imagináis ese tipo de comportamiento en otros deportes como baloncesto, tenis o judo? ¿Creéis que habría debate sobre si se le debe sancionar o no? Por supuesto que no.

  El problema de todo esto es que, lamentablemente, tenemos asumido que ciertos comportamientos que se dan en el fútbol son inherentes al mismo, y no es así. Jugadores que simulan agresiones, que intentan engañar al árbitro, que se dirigen a él de forma (cuanto menos) inapropiada, que hacen entradas brutales en momentos de tensión, ¡que defraudan a hacienda!, que dicen ser la envidia de todos por ser guapos y ricos... es el pan de cada día en los informativos. Y ese es el ejemplo que estamos transmitiendo a nuestros chavales. Eso es de lo que hablan en los recreos del instituto y al comenzar la clase de Educación Física. ¡Quieren ser como ellos!

  ¿No es el deporte un medio excepcional para transmitir otro tipo de valores como el esfuerzo, la superación, la humildad, el trabajo en equipo,...? ¿Acaso el tirón mediático del fútbol no sería un escaparate privilegiado para ello? ¿Cómo queremos que nuestro chavales respeten a los demás y tengan este tipo de actitudes positivas cuando se les bombardea a diario con el mal comportamiento de sus ídolos y, además, nos encontramos con que todo el mundo intenta disculparlos y justificar sus actuaciones? ¿Es eso lo que queremos enseñarles? Yo, desde luego, NO.

  De los niños de 11 años celebrando los goles como Cristiano Ronaldo o de los padres comportándose como auténticos energúmenos en los partidos de sus hijos ya, si eso, hablamos en otro rato.
  

1 comentario:

  1. Buena reflexión....el deporte es educación en valores, pero quizá es mas fácil verlo en el deporte amateur donde esto se ve fácilmente. En el profesional, donde la educación en valores económicos y de rendimiento está mucho mas por encima de otros valores mas nobles del deporte amateur y donde los medios se hacen eco de los orígenes educativos de estas estrellas en determinados actos puntuales a la vez de jugar con las opiniones del publico y seguidores en un espectáculo deportivo.

    ResponderEliminar

Tú sabes quién soy yo, para estar en igualdad de condiciones, por favor FIRMA TU COMENTARIO.